martes, 6 de diciembre de 2011

ANEXO I

ANEXO I
EMOCIONES Y SENTIMIENTOS


¿QUÉ SENTIMOS?

SENSACIONES → guardan relación con el cuerpo
EMOCIONES → guardan relación con las situaciones
SENTIMIENTOS → guardan relación con las personas

EMOCIONES.

Las emociones las sentimos al tomar conciencia de la situación en la que nos encontramos.
Etimológicamente, la palabra emoción proviene de la raíz latina movere (mover), y el prefijo ex-movere (mover hacia fuera), es decir, “aquello que pone en movimiento”. La emoción está relacionada con la acción. Las emociones nos ponen en movimiento, nos hacen actuar. Las emociones son el resultado de la combinación de procesos afectivos e intelectuales.
Las emociones surgen habitualmente como respuesta a un acontecimiento externo o interno que provoca en el organismo un estado de excitación o perturbación que lo predispone a dar una respuesta.

La emoción es algo innato: desde su nacimiento todos los individuos la poseen, y cada una de las cuatro emociones básicas es una constante en nuestra constitución, aunque eventualmente podamos mantener callada alguna de dichas emociones, no las podremos erradicar de nuestro ser.

Las emociones son necesariamente positivas, puesto que hasta la rabia, el miedo o la tristeza aseguran nuestra supervivencia y adaptación frente a los problemas de la existencia; claro está, siempre y cuando las expresemos.
Las emociones se clasifican en primarias o básicas que son las que estarían programadas genéticamente, es decir, son innatas; y secundarias, que serían producto del aprendizaje.

Las emociones primarias son cuatro: ALEGRÍA-TRISTEZA-MIEDO-RABIA; que serían las que desempeñarían un papel fundamental en el mantenimiento de la supervivencia.

SENTIMIENTOS.

Los sentimientos guardan relación con las personas.
El sentimiento es algo que nuestra personalidad aprende, el resultado de la cristalización y elaboración de varias emociones. En este paso de simple a elaborado, el sentimiento pierde su carácter necesariamente positivo. Un determinado sentimiento puede ser negativo (los celos, el odio), y expresado tal cual no cambiará nada. Si las emociones son universales, las composición y el espectro de un sentimiento varía de un individuo a otro (se puede no conocer el sentimiento de los celos o poseer poca capacidad de compasión ...).

Al aceptar los sentimientos, es importante poder reconocer que, aunque mejoran la preparación para actuar, no son conductas. Así, sentirse enfadado o molesto no es lo mismo que ser agresivo. Los sentimientos implican que uno experimenta sensorialmente y se organiza para acciones concretas, mientras que resolver implica que uno actúa en el mundo. Los sentimientos constituyen una experiencia subjetiva; las conductas son externas y están sujetas a la regulación social. Los problemas emergen cuando se confunden sentimientos y conductas. Cuando las personas intentan que sean sus sentimientos y no sus conductas las que se conformen según las normas sociales, es cuando comienzan a quedar envueltos en auto-manipulaciones y auto-coerciones que no son saludables. Para que las personas puedan negociar con los sentimientos no deseados, en lugar de tratar de controlarlos, necesitan llegar a ser conscientes de aquello que están haciendo y que le mantiene atascados en un mismo sentimiento, de cómo están interrumpiendo el proceso natural de surgimiento y terminación... en positivo.

Las emociones son reacciones momentáneas, y los sentimientos engloban emociones pero les añaden duración, asociándolas a un pensamiento, es decir, imponiéndoles un significado psicológico. La fórmula que construye el sentimiento es la siguiente:
EMOCIÓN + PENSAMIENTO = SENTIMIENTO
Podemos, pues, concluir que los sentimientos son el resultado de la combinación de procesos afectivos (emociones) e intelectuales (pensamientos).

CONCRETEMOS...

Y matizando, de acuerdo con el Profesor Melendo, que para educar su afectividad:
Debemos partir del reconocimiento y aceptación de los sentimientos de nuestros hijos, y animar su propio descubrimiento desde la escucha atenta presidida por una actitud serena.
La serenidad requiere que resolvamos la gran controversia existente a la hora de “etiquetar” lo que sentimos, en concreto acerca de la diferencia entre las emociones y los sentimientos.
Véase Anexo I.