viernes, 22 de junio de 2012

En su dies natalis rindo homejaje a Santo Tomás Moro, al que que cada día admiro más, y prosigo con mi propuesta hablando de la importante tarea de la escuela como colaboradora de los padres. El papel del Colegio. Subsidiaria de los padres, la escuela concibe la educación sexual como un tema transversal para educar la afectividad; y requiere un fundamento antropológico y un modelo pedagógico. El punto de partida de nuestro proyecto educativo es: considerar a los niños y jóvenes como personas con un valor único e irrepetible que a lo largo de las distintas edades y en conjunción con otros procesos de maduración van adquiriendo un principio de responsabilidad sobre el desarrollo personal. La Educación Afectiva y Sexual pretende preparar a los niños y niñas a situarse en el mundo en tanto que hombres o mujeres, necesitados de amar y ser amados, completando en el tiempo la integración de todos los ámbitos de la sexualidad, con sus distintas funciones de comunicación, placer y procreación responsable. La sexualidad y con ella la afectividad, es una dimensión fundamental de la persona, que impregna su cuerpo, sus vivencias y sus expresiones, comienza con la vida misma y abarca aspectos físicos, psicológicos, sociales, culturales, éticos y religiosos. Es también una realidad dinámica, y permanece en continua evolución desde la fecundación hasta la muerte, siendo correcto hablar de un Proceso Humano de Sexuación que posee niveles distintos: genético, gonadal, hormonal, fenotípico y cultural, por lo tanto educativo. Todos sabemos que la responsabilidad inicial y fundamental de la educación afectivo-sexual corresponde a los padres por ser éstos los primeros educadores del niño y por ser la familia el lugar más adecuado para la creación de un clima afectivo que difícilmente puede lograrse en otros ambientes. Pero padres y madres confían desde una temprana edad a sus hijos/as a un centro escolar del que forman parte en la comunidad educativa, y que se convierte en un agente de socialización transcendental por el número de horas que los niños/as pasan en él durante grandes periodos de su vida. Los niños, aprenden por observación e imitación. Los modelos reales que poseen una importancia mayor son los padres por su presencia constante, su vínculo afectivo, ser figura de identificación, y porque inevitablemente la propia relación paterno-materna con su lenguaje verbal y corporal supone el primer ejemplo de la relación entre los sexos. Pero otro modelo real fundamental son los educadores que al igual que sucede con padres y madres, educan dentro de un marco formal con sus palabras, pero prioritariamente con sus conductas, sus valoraciones y sus actitudes por medio de elementos e imágenes que los niños asimilan desde la edad más temprana y cuya influencia permanece y se prolonga a lo largo de la vida. Por lo tanto no es posible que un educador “no haga” educación afectivo-sexual, su propia vivencia de esta dimensión personal, su visión de la masculinidad y feminidad, de la relación amorosa, sus actitudes le acompañan en su relación con niños y jóvenes.