lunes, 30 de mayo de 2011

¡Comencemos!

PROPUESTA DE UN PROYECTO DE EDUCACIÓN
AFECTIVO-SEXUAL PARA EDUCACIÓN SECUNDARIA


0.      A modo de exordio.

Comenzar con el cero no es un homenaje al guarismo introducido por
los árabes, más bien se trata de realizar una introducción y subrayar desde el primer momento que el número 1 queda reservado para los padres: primeros educadores.

El ejercicio de la sexualidad es el ámbito clave en el que se decide hoy la
víabilidad de nuestra acción educativa.
                  
El marco socio-político y cultural hostil al amor matrimonial y a la familia que deriva de éste nos empuja a acometer este proyecto con la creación de un corpus teorico-práctico de educación afectivo-sexual para la edad adolescente adecuando los programas Aprendamos a Amar y Teen STAR a nuestra realidad, con la participación de los tres estamentos de la comunidad educativa: padres-profesores-alumnos.

La referida hostilidad es palpable en el intento de liquidar la familia, por eso coincidimos con Tomás Melendo en que “es la hora de la Familia”.

Debemos enfrentarnos a una dificultad específica, que viene del contexto cultural en el que nos encontramos: no estamos simplemente ante una crisis de la familia y de su papel educativo tradicional, sino que se está labrando un ataque a la familia, una estrategia bien organizada para "liquidarla".

La palabra hay que tomarla en su sentido literal, antes de tomarla en sentido metafórico, según el análisis del conocido sociólogo polaco, profesor en Leeds (Inglaterra), Zygmund Bauman, uno de los mayores intérpretes de nuestro tiempo. Él define nuestra época como "modernidad líquida", caracterizada por la des-reglamentación y privatización de las tareas y los deberes propios de la modernización. Se puede llamarlo individualismo: del acento puesto en la sociedad justa hemos pasado al de los derechos humanos, reducidos al "derecho de los individuos a ser diversos y elegir y adoptar a placer los propios modelos de felicidad y un estilo de vida que les sea adecuado"[1]. La modernidad líquida no puede tolerar los cuerpos sólidos. Sus valores son la velocidad, el cambio, el flujo, lo temporal y la precariedad. Como tal, la modernidad no puede tolerar la familia, la clase, el vecindario, la comunidad parroquial; debe "licuarlos" o "liquidarlos".

De este modo, Bauman habla de amor líquido: también el amor se convierte en un hecho comercial, mercantil, de supermercado. En la modernidad líquida es "normal" adaptar las relaciones de pareja a las relaciones comerciales: se compara al amor y a la pareja con un bien al que tengo derecho y que escojo o del que me despojo cuando me he cansado y en el horizonte aparece un nuevo "producto" que promete gratificarme más. La modernidad líquida está dominada por los antojos (por hacer lo que "me da la gana"), lo que contrasta con los deseos cultivados, que son principio de estabilidad, según Bauman: "Mientras el principio de satisfacer los propios antojos se inculca a fondo en la conducta cotidiana por parte de los poderes fuertes del mercado de los bienes de consumo, el cultivar un deseo parece inquietante, inoportuna y fastidiosamente tender hacia el compromiso amoroso.

Si esto es así, encontramos una explicación a la ofensiva contra la familia fundada en el matrimonio, que no se adecúa a las reglas, a la desregularización: por ello, hay que liquidarla.